domingo, 20 de mayo de 2012

Paseíto por las entrañas de la Tierra

Gentileza de mi teléfono móvil, alias "cámara de mierda".

Hoy fui de paseíto a un recóndito lugar escondido en las entrañas de la Tierra. Vi un zorrito pelado y flaco, y tomé una mariposa con un ala fracturada entre mis manos y la acaricié mientras la pobre intentaba salirse de ellas hasta que se rindió a su fragilidad infinita; mientras, yo me rendí a la fragilidad infinita de mis manos entre las entrañas de la Tierra.


lunes, 14 de mayo de 2012

Mala suerte

Haber estado dos meses hospitalizada no fue la gran cosa, para ser honesta. Las primeras dos semanas estuve en el Hospital Gustavo Fricke de Viña porque fui, después de mucho meditar al respecto, a pasar el fin de semana allá con mi familia. Lloré mucho cuando estaba sola, eso debo reconocerlo, pero no es para menos considerando que estaba sola casi todo el día en una ciudad extraña, rodeada de extraños. Mi padre me iba a ver todos los días desde la una hasta las cuatro, aproximadamente, pero nunca le hice cargar con mi pena porque el pobre había quedado sin trabajo apenas hace un mes y ya estaba cargando su propio infierno mental. Como estábamos gastando todo nuestro dinero en el hospedaje para que él pudiera seguir acompañándome, y como yo había ido sólo por dos días, a diferencia del resto de mi familia que se quedaría toda la semana, no había llevado más que un poco de ropa y mi teléfono móvil, no tenía libros, música o nada para distraerme. Mi padre le compró a un vendedor callejero un libro muy antiguo que narraba la historia del pirata Francis Drake. Esa crónica constituía toda mi compañía y diversión cuando mi viejo ya no estaba a mi lado tomando mi mano.

No recuerdo los tres primeros días de mi estadía. Apenas tengo un vago recuerdo de la noche en la sala de urgencias cuando por fin me estaban ingresando luego de veintidós horas soportando el terrible dolor, los cuarenta grados de fiebre, el cansancio y los vómitos. Entre las últimas cosas que recuerdo de esa noche están la joven estudiante de medicina que me preguntaba mis antecedentes médicos -inexistentes hasta ese momento- mientras mi cabeza caía hacia los lados cada vez que me abandonaba la conciencia. También recuerdo el momento en que me encontraron una camilla, me sacaron la ropa y me comenzaron a llenar el cuerpo de tubos y agujas, para luego arrastrarme en ella por largos pasillos. Si me preguntaras ahora si tenía miedo te diría que no, porque en ese momento no tenía conciencia de que estaba muriendo. Después de eso no hay recuerdos, nada. Hasta tres días después.

Cuando por fin abrí los ojos, y desde donde comienzan mis recuerdos posteriores al primer día, todavía el dolor estaba ahí, pero ya no me estaba matando. Luego vinieron los exámenes, el escaneo abdomen-pelvis semanal y la visita diaria de los médicos y estudiantes.

Dos semanas después me dieron de alta sólo para que pudiera volver a mi ciudad y a mi casa, porque ya no quedaba dinero para seguir sustentando la estadía de mi padre en esa ciudad. Era eso o que yo me quedara sola todos los días de semana. Así que cuando llegué a casa me sentía mal, pero al menos estaba viva. Al llegar a mi hogar mis padres me informaron que una de mis perritas, la más joven, había muerto mientras yo estaba en el hospital. Bien, un escalón menos en el descenso de mi ánimo, pero ni eso había logrado desarmarme.

Tres días después volvía a caer al hospital, esta vez en Santiago. Mi ánimo seguía estable, manteniéndome en pie a pesar de toda la mierda que parecía venir una detrás de otra hacia mí. Ahí estuve una semana más, y aunque mi estado de salud era delicado, parecía mejorar poco a poco, hasta que los médicos, cansados de verme mejorar decidieron enviarme a casa nuevamente. Así fue y alcancé a estar una semana más en mi casa hasta que volvieron los mismos síntomas. Después de eso, un mes entero de mi vida se esfumó en varias salas de un triste hospital donde cada día es exactamente igual al otro, largos e insoportables días encerrada en el frío y la soledad. Pero seguía en pie luchando para mejorar, para retomar mi vida, para seguir luchando afuera en la vida real. Cuando volví a cada después de eso luego de mi operación y ya sabiendo que por lo menos durante un tiempo no volveré al hospital por esta puta enfermedad, estaba un poco aliviada y dejé pasar mis dos semanas de recuperación a su propio ritmo, sin presionar...

Un día miércoles en un control mi médico me dijo que ya podía retomar mis actividades, volver a clases, ampliar mi dieta y que debía tomar vitaminas. Tres días después volví a la universidad y me entero que estoy eliminada de la carrera. Entonces el infierno empezó a abrirse bajo mis pies. Dos semanas después, mientras estaba tratando de ver si esa situación tenía alguna salida, un día lunes en la noche, encontré a mi perrita moribunda, la que me ha acompañado desde los trece años, durante todos los años de mi solitaria juventud,  y tuvimos que sacrificarla.

Al final lo de la universidad se arregló, pero !esta mala suerte se acaba AHORA!