sábado, 15 de diciembre de 2012

Desolación

Sentado frente a mí me ahogo hasta el hartazgo de mi asco hacia mí mismo.
No concibo el estar despierto frente a la existencia y ver nuestra propia miseria sin el asco.
Porque ahí donde reside nuestro amor propio es donde se esconde también nuestra vergüenza, el saber que vivimos cojeando desesperadamente apoyados solamente en dos patas débiles: la flaqueza y el orgullo. No somos más que marionetas de las circunstancias y ellas se ríen de nosotros con sus risas lacónicas y ásperas mientras nosotros erigimos nuestros maravillosos castillos de naipes que llamamos Éxito, Patria, Honor y Amor. Y el orgullo es la pequeña fracción de dignidad que nos es permitida manejar a nuestro antojo, y con ella creamos nuestras pequeñas moradas gobernadas por la vanidad. Y yo más que nadie soy débil y orgulloso. Me siento en mi sofá desgastado e incómodo, de más de quince años de uso, a pensar en las cosas que otros viven. En mi interior, el ruido y la incomodidad se hacen intolerables por la risa que me mente escupe sobre mí cuando intento construir un pensamiento individual, alguna idea nueva que me ayude a salir de este malestar de la existencia; sin embargo, en mi exterior la habitación está silenciosa y estoy solo, más solo que de costumbre. Siento esa incapacidad de llenar algún espacio o alguna existencia que no sea la mía, aún cuando mi propia existencia me resulta insoportable. No he conocido el Amor. "¿Quién es él?" pregunto cuando mencionan su nombre. Extraño malestar me asienta en mi estómago cuando hablan de Pasión. Estoy solo, y mi única pasión es fumar de la pipa que mi padre me dejó de herencia antes de morir, y en ella ahogo mi soledad y mis dolores de espalda. Por eso, que no me hablen de Éxito, que desconozco su definición y su vivencia: me han expulsado de todos los países que he intentado conquistar y de todos los hogares que he intentado habitar. Mi Patria es el camino que recorro cada vez que soy desterrado y mi Honor son las piedras que aplasto con cada pisada. Y el Amor me ha dado la espalda una vez más porque me empeñé en amar a una mujer imposible. Soy frágil y sin embargo me yergo frente a mí mismo con la dignidad del soldado desmembrado que se arrastra para ayudar a otro soldado; siembro pequeñas semillas de orgullo en mi propia penuria para sobreponerme a mi fragilidad, porque finalmente de eso estamos hechos, somos nada más que un montón de cenizas de una batalla largamente terminada intentando juntarse en una mota de polvo: reunirnos, acercarnos y formar parte de algo más que nosotros mismos. Algo más que nuestras vergüenzas y nuestras vanidades: mucho más que yo sentado en mi sofá escribiéndote estas palabras mientras fumo la pipa de mi padre, y tú eres mucho más que el lector de estas tristes líneas. Y te prometo que serás mucho más la próxima vez que te acerques a esta libreta cuando esté resquebrajada y seca, y yo yazga hace ya largo tiempo en mi tumba.