No era tu boca ni tus ojos de océano
no era tu cintura ni tus manos aterciopeladas
no era aquello que pronunciaban tus labios
al encontrarnos cada vez que apuntaba el alba
Hoy te miro y estás igual pero ya no eres la misma
hoy te has convertido en aquello que pensabas
que serías en veinte años más después de la vida
y yo sigo siendo la misma niña perdida de veintitrés
El mundo a nuestro alrededor parece mutar en un compás suave
cuando en realidad ruge su motor agitando nuestro suelo
y se abalanzan sobre nuestra piel los años, las tristezas y la soledad
en que cada uno de nosotros escogió continuar en esta vía,
este camino con el tiempo detenido, de ruedas que se deslizan
sobre un pavimento mojado o derretido, donde quedamos varados
hace unos cuantos años, hace unas cuantas botellas de vino sin acabar
hace unos cuantos cigarrillos que nadie quiso fumar.
Me quemé los dedos rascando las letras de tus páginas
tratando de adivinar lo que la pluma de tu cabeza febril
intentaba escribir en nuestra historia
y pareciera que el tiempo me ha jugado una broma pesada
porque sigo leyendo todavía aquella primera frase
aquella primera palabra que sé que tú recuerdas
y atesoraste en los confines de tu mente inexpugnable
Yo no quiero otros ojos ni otra boca para explorar el mundo
yo no quiero otra cintura u otras manos a las que aferrarme cuando,
tras el derrumbe de nuestros mundos, tenga que construir otra fortaleza
yo no quiero otras palabras sino las que pronuncian en silencio
tus miradas tímidas e infinitas
tan iguales a las mías, a las tuyas, a las mías, a las tuyas...es igual.
sábado, 16 de junio de 2012
Fragilidad
El agua corre afuera como una cascada sobre mi techo
mal momento para pensar o ser
cuando sólo quiero mojarme con la lluvia
y desaparecer
fundirme con la respiración del mundo
perderme entre las hojas pútridas
ser suelo, ser tierra, ser arena
que un perro callejero muerda mis partículas
cuando mis cenizas se vuelquen sobre un hueso roído
que mi aliento no sea sino un recuerdo
una caricia esparcida a las ramas de un álamo
alto y delgado
La lluvia cae y oigo el palpitar de la tierra
oigo los insectos y los siento rascar con sus patas
sus minúsculas patitas sigilosas que suben
por las cortinas de mi cuarto y afuera el viento sopla
y los árboles se mecen
-ir y venir, ir y venir, ir y venir-
y ya no recuerdo quién soy
y mi nombre es una sombra que traspasó el umbral
de algunas mentes
y esas mentes pronto ya no estarán
y serán cenizas como yo
cuando nos unamos en la danza eterna de la vida
que es morir y nacer en millones de formas
en otras criaturas
en frágiles existencias tan efímeras como
una gota de agua en un fuego abrasador.
mal momento para pensar o ser
cuando sólo quiero mojarme con la lluvia
y desaparecer
fundirme con la respiración del mundo
perderme entre las hojas pútridas
ser suelo, ser tierra, ser arena
que un perro callejero muerda mis partículas
cuando mis cenizas se vuelquen sobre un hueso roído
que mi aliento no sea sino un recuerdo
una caricia esparcida a las ramas de un álamo
alto y delgado
La lluvia cae y oigo el palpitar de la tierra
oigo los insectos y los siento rascar con sus patas
sus minúsculas patitas sigilosas que suben
por las cortinas de mi cuarto y afuera el viento sopla
y los árboles se mecen
-ir y venir, ir y venir, ir y venir-
y ya no recuerdo quién soy
y mi nombre es una sombra que traspasó el umbral
de algunas mentes
y esas mentes pronto ya no estarán
y serán cenizas como yo
cuando nos unamos en la danza eterna de la vida
que es morir y nacer en millones de formas
en otras criaturas
en frágiles existencias tan efímeras como
una gota de agua en un fuego abrasador.
domingo, 3 de junio de 2012
Blá
Echo de menos ese tiempo cuando era infantil e ingenua y creía que tenía talento. A veces de ese estado irracional y adolescente de creerme única y especial salían cosas buenas. Ahora todo lo medito demasiado y premedito cada acción que llevaré a cabo, y lo triste de esto es que pareciera que ya nada fluye naturalmente como solía hacerlo. Perdí la inspiración. Perdí el leit motiv que movía mis impulsos creativos y ahora me queda sólo la triste y fría racionalidad teórica que aportan los años de estudio. Esta situación me convierte en uno más de los millones de seres que van por la vida hablando con inteligencia sobre variedad de temas, pero que no disfrutan la maravilla que es ver nacer y morir entre tus ojos una obra única e irrepetible que sobreviva su propia existencia terrenal. Qué importa si es un poema malo, una fotografía no profesional, una pintura mediocre: es tuyo, único e irreemplazable. Sueño con el día en que vuelva a sentir ese cosquilleo, ese llamado interno e irresistible que no me dejaba dormir hasta que plasmaba una idea o una imagen en un papel, y ruego porque esto ocurra.
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