sábado, 16 de junio de 2012

Tú o yo, es igual

No era tu boca ni tus ojos de océano
no era tu cintura ni tus manos aterciopeladas
no era aquello que pronunciaban tus labios
al encontrarnos cada vez que apuntaba el alba

Hoy te miro y estás igual pero ya no eres la misma
hoy te has convertido en aquello que pensabas
que serías en veinte años más después de la vida
y yo sigo siendo la misma niña perdida de veintitrés

El mundo a nuestro alrededor parece mutar en un compás suave
cuando en realidad ruge su motor agitando nuestro suelo
y se abalanzan sobre nuestra piel los años, las tristezas y la soledad
en que cada uno de nosotros escogió continuar en esta vía
este camino con el tiempo detenido, de ruedas que se deslizan
sobre un pavimento mojado o derretido, donde quedamos varados
hace unos cuantos años, hace unas cuantas botellas de vino sin acabar
hace unos cuantos cigarrillos que nadie quiso fumar.

Me quemé los dedos rascando las letras de tus páginas
tratando de adivinar lo que la pluma de tu cabeza febril
intentaba escribir en nuestra historia
y pareciera que el tiempo me ha jugado una broma pesada
porque sigo leyendo todavía aquella primera frase
aquella primera palabra que sé que tú recuerdas
y atesoraste en los confines de tu mente inexpugnable

Yo no quiero otros ojos ni otra boca para explorar el mundo
yo no quiero otra cintura u otras manos a las que aferrarme cuando,
tras el derrumbe de nuestros mundos, tenga que construir otra fortaleza
yo no quiero otras palabras sino las que pronuncian en silencio
tus miradas tímidas e infinitas
tan iguales a las mías, a las tuyas, a las mías, a las tuyas...es igual.

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