Había una vez una niña estúpida e inocente que creía en las buenas historias de amor. Esa niña un día conoció al más grande de los hipócritas, un inteligente desgraciado que supo jugar sus cartas de la manera exacta en que la niña necia creía que algún galán de última categoría debía jugárselas. De este modo, de un día para otro la niña se vio atrapada en el círculo infinito tejido por el procaz infeliz. La niña no lo veía, pero todos los demás sí. El círculo debía ser cortado de raíz, pero ¿quién? ¿cómo? Nadie lo sabía con exactitud. Y ahí la pequeña se hundió cada día más en un hoyo que todos veían menos ella. Y ahí encontró la desgracia-felicidad que tanto buscó.
Fin
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