sábado, 15 de diciembre de 2012

Desolación

Sentado frente a mí me ahogo hasta el hartazgo de mi asco hacia mí mismo.
No concibo el estar despierto frente a la existencia y ver nuestra propia miseria sin el asco.
Porque ahí donde reside nuestro amor propio es donde se esconde también nuestra vergüenza, el saber que vivimos cojeando desesperadamente apoyados solamente en dos patas débiles: la flaqueza y el orgullo. No somos más que marionetas de las circunstancias y ellas se ríen de nosotros con sus risas lacónicas y ásperas mientras nosotros erigimos nuestros maravillosos castillos de naipes que llamamos Éxito, Patria, Honor y Amor. Y el orgullo es la pequeña fracción de dignidad que nos es permitida manejar a nuestro antojo, y con ella creamos nuestras pequeñas moradas gobernadas por la vanidad. Y yo más que nadie soy débil y orgulloso. Me siento en mi sofá desgastado e incómodo, de más de quince años de uso, a pensar en las cosas que otros viven. En mi interior, el ruido y la incomodidad se hacen intolerables por la risa que me mente escupe sobre mí cuando intento construir un pensamiento individual, alguna idea nueva que me ayude a salir de este malestar de la existencia; sin embargo, en mi exterior la habitación está silenciosa y estoy solo, más solo que de costumbre. Siento esa incapacidad de llenar algún espacio o alguna existencia que no sea la mía, aún cuando mi propia existencia me resulta insoportable. No he conocido el Amor. "¿Quién es él?" pregunto cuando mencionan su nombre. Extraño malestar me asienta en mi estómago cuando hablan de Pasión. Estoy solo, y mi única pasión es fumar de la pipa que mi padre me dejó de herencia antes de morir, y en ella ahogo mi soledad y mis dolores de espalda. Por eso, que no me hablen de Éxito, que desconozco su definición y su vivencia: me han expulsado de todos los países que he intentado conquistar y de todos los hogares que he intentado habitar. Mi Patria es el camino que recorro cada vez que soy desterrado y mi Honor son las piedras que aplasto con cada pisada. Y el Amor me ha dado la espalda una vez más porque me empeñé en amar a una mujer imposible. Soy frágil y sin embargo me yergo frente a mí mismo con la dignidad del soldado desmembrado que se arrastra para ayudar a otro soldado; siembro pequeñas semillas de orgullo en mi propia penuria para sobreponerme a mi fragilidad, porque finalmente de eso estamos hechos, somos nada más que un montón de cenizas de una batalla largamente terminada intentando juntarse en una mota de polvo: reunirnos, acercarnos y formar parte de algo más que nosotros mismos. Algo más que nuestras vergüenzas y nuestras vanidades: mucho más que yo sentado en mi sofá escribiéndote estas palabras mientras fumo la pipa de mi padre, y tú eres mucho más que el lector de estas tristes líneas. Y te prometo que serás mucho más la próxima vez que te acerques a esta libreta cuando esté resquebrajada y seca, y yo yazga hace ya largo tiempo en mi tumba.

domingo, 21 de octubre de 2012

Estuve a un segundo de cometer una locura. Una locura cuyas consecuencias podrían ser devastadoramente buenas o devastadoramente malas. Sin intermedios, sin grises. Sin embargo, esta vez ganó la cordura. Me gustaría leer los signos del tiempo y saber cuáles serían los verdaderos alcances de ambas posibilidades y poder observar ambas antes de actuar. Tomar un decisión basada en elementos racionales y objetivos. Sin embargo, no tengo el poder de leer signos, no tengo el secreto de la alquimia de los segundos.

domingo, 14 de octubre de 2012

Las dudas que inician la locura

 "Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. 
Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos 
hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.
Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. 
Pero embriáguense." Charles Baudelaire

           Unos días atrás estaba viendo "El secreto de sus ojos" y en cierta escena el protagonista se pregunta cómo es posible vivir una vida llena de nada, y es esa la duda que ha ocupado mis días desde entonces, ¿es posible? ¿cómo llenamos el vacío si el problema que lo origina es la existencia misma?.

          Imagínate que eres joven y de pronto, sin esperarlo porque nunca habías pensado en ello, aparece en tu vida una gran, indomable y brutal pasión que te lleva al borde de la locura. Al ser joven y poco experimentado te dejas llevar simplemente; te quemas con su fuego, te ahogas en las olas de emoción que de la noche a la mañana parecen llenar tus días y tus ilusiones sobre el futuro. Nada te parece imposible, perecedero. Crees que ahora posees el secreto que lleva a la felicidad eterna que tantas personas buscan infructuosamente y no comprendes cómo fuiste tan afortunado de encontrarlo a tan corta edad, y sin siquiera haberla buscado, porque además llegó a tus manos por casualidad, originada por un pequeño encuentro fortuito y unas cuantas frases graciosas que dijiste sin esperar nada a cambio. Y te topaste cara a cara con el destino y miraste a los ojos de la felicidad más pura, el amor más inocente hacia la vida y todo lo que ella te puede entregar. Pues bien, todas las cursilerías y las palabras dulces no alcanzan para expresar lo fuerte y seguro que esa pasión te hacía sentir.

          Ahí estás, devoto, entregado y perdidamente embriagado de pasión.

                           Y un día todo se va al carajo.

             Lloras durante meses, años, décadas llegando a creer que la única manera de escapar la tortura de haber perdido esa llama, ese fuego que te movía a realizar lo imposible y llegar hasta los límites de la existencia, es la muerte. Sin embargo, no eres lo suficientemente valiente para darte un tiro como Werther -le temes al dolor ajeno que podrías causar- entonces sigues viviendo. Pero luego de haberlo tenido todo, ahora estás lleno de nada, y la nada es lo que llena tus días. Vas de un sitio a otro tratando de evadir toda clase de emociones que te lleven a recordar aquella época dorada en que tenías el coraje suficiente para vivir y actuar, y ser libre atado solamente a tu pasión. Comienzas ahogando el dolor en alcohol, en peleas callejeras, en amores insustanciales: la bebida te arruina la salud hasta el punto en que ya no puedes ni comer sin sufrir terribles dolores físicos; las peleas callejeras te dejan huesos rotos, pero el dolor del alma sigue ahí instalado como una pesada carga en tu espalda y los golpes no logran sacudirla; y los amores intrascendentes te hacen sentir sucio y más vacío tras cada revolcón, porque el sexo sin pasión es peor que la muerte misma, es intentar llenar un barranco con pequeños puñados de arena de playa, un esfuerzo vano.

             Meses, años en esto, ese es el método hasta que un día ya no sientes absolutamente nada. Si pudieras elegir ¿prefieres el dolor o el no sentir absolutamente nada?

                  "En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. Se ha cumplido 
           nuestro destino. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore." J.W. Goethe

            Y así sigues viviendo, lleno de nada, un muerto en vida que olvidó cómo sentir aunque sea una pequeña emoción, atado a la conservación de la vida material, mientras los pequeños vestigios de tu alma se van desvaneciendo poco a poco hasta dejarte marchito.  Si tienes una familia los cuidas y mantienes por una extraña necesidad de mantenerte sujeto a algo que no seas tú. Si estás solo te deleitas en pequeñas rutinas autoestablecidas que te ayudan a aplacar un poco la necesidad de vida, emoción y libertad. Quizá colecciones plantas, aprendas a tejer, críes montones de gatos, perros, ya va. Quizá seas del tipo que lee montones de libros, como yo. La rutina te cobija y te ayuda; a veces sientes pequeñas cosquillas, pequeños recordatorios de lo que era la pasión hacia la vida.

               ¿Se puede llegar a vivir así por décadas y décadas? ¿Alguna vez se encenderá la llama otra vez y sentirás la necesidad irrefrenable de mandar a la mierda todo lo que tanto te costó construir? Ese estado de paz y cómoda insensibilidad que es tan necesitada para sobrevivir en estos días en esta sociedad tan hipócrita y desquiciante. Yo creo que la mayoría hemos decidido apagarnos y vivir con el piloto a media carga. ¿Para qué mandar todo a la mierda si podemos tener la mejor TV de cien pulgadas, con los parlantes más grandes para no tener que escuchar lo que nos digan nuestros pensamientos? Para qué o porqué perderse en un bosque infinito de emociones misteriosas e incontrolables si podemos criar a nuestros vástagos en una casa llena de amores mediocres y una falsa sensación de seguridad. Para qué atraverse a ser único e irrepetible si podemos perdernos en la manada de humanoides que atestan los centros comerciales todos los fines de semana. ¿Qué quieres ser? Probablemente elijas ser un padre modelo, o quizá la desesperación silenciosa te lleve a ser un padre de mierda. Un vicioso corrupto y cínico. Un cobarde incapaz de tomar su destino en sus propias manos, un traidor que engaña a su esposa y sale por las noches a drogarse o quizá hasta a tener sexo con otros hombres. Pobre insecto lastimoso que cree que unos segundos de libertad inducida por alguna droga lo liberará de su propia basura humana, pero lo cierto es que no eres lo sufucientemente valiente para liberarte de tus propias cadenas; las cadenas de tu mente que te mantienen atado a un metro cuadrado, a un cojín mullido donde posar tus nalgas flacas y secas. Eso es vivir en la mentira, eso es ser un siniestro simio atontado incapaz de generar nada que no sea dolor y vergüenza hacia el resto de la humanidad. ¿Cuántos violadores de mujeres o patéticos pedófilos han nacido de la enfermedad mental de nuestro siglo? ¿Cuántas mujeres soportan actos de pura e incuestionable idiotez masculina creyendo que así se supone que debe ser el Amor? Ese tipo de existencias es el que debemos evitar a toda costa y el único método infalible para ello es hacerme cargo: de mí mismo, de mi entorno, de mis actos y de mis pensamientos. De lo contrario no estamos realmente vivos, sino que sobreviviendo, es decir, manteniendo un cuerpo activo (actualmente incluso esto se puede poner en duda) cual si fuera una máquina: las piezas engrasadas y en constante movimiento, pero incapaz de generar una idea o una acción motivada por la decisión firme de la voluntad humana. Y debo dejar en constancia que estos pensamientos no los digo desde una postura moralmente superior, puesto que mi miseria es la misma que critico. Sin embargo, mi primer paso hacia la liberación, si es que esta es posible, es gritar y llorar con todas las fuerzas de mi voz que esta sitaución no da para más ni para mí ni para el resto de los seres humanos.

                   Estar atrapado en este mundo de patéticas repeticiones burocráticas no nos ayuda tampoco.




jueves, 5 de julio de 2012

Profesores millonarios.
Literatos que odian la literatura.
Seres humanos que humillan a sus hermanos
para sentirse mejor con su propia mierda.

miércoles, 4 de julio de 2012

No quiero amistades forzadas ni basadas en mentiras. Prefiero ser amiga de un zorrito cojo que vive entre las cenizas de algún bosque perdido de la Patagonia que vivir amistades que se basan en intereses falsos. Quiero vivir entre árboles de quinientos años que saben amar mejor que cualquier persona que haya conocido. Hay tantas cosas en la vida que me hacen querer creer, sin embargo. Tengo que ser clara.

sábado, 16 de junio de 2012

Tú o yo, es igual

No era tu boca ni tus ojos de océano
no era tu cintura ni tus manos aterciopeladas
no era aquello que pronunciaban tus labios
al encontrarnos cada vez que apuntaba el alba

Hoy te miro y estás igual pero ya no eres la misma
hoy te has convertido en aquello que pensabas
que serías en veinte años más después de la vida
y yo sigo siendo la misma niña perdida de veintitrés

El mundo a nuestro alrededor parece mutar en un compás suave
cuando en realidad ruge su motor agitando nuestro suelo
y se abalanzan sobre nuestra piel los años, las tristezas y la soledad
en que cada uno de nosotros escogió continuar en esta vía
este camino con el tiempo detenido, de ruedas que se deslizan
sobre un pavimento mojado o derretido, donde quedamos varados
hace unos cuantos años, hace unas cuantas botellas de vino sin acabar
hace unos cuantos cigarrillos que nadie quiso fumar.

Me quemé los dedos rascando las letras de tus páginas
tratando de adivinar lo que la pluma de tu cabeza febril
intentaba escribir en nuestra historia
y pareciera que el tiempo me ha jugado una broma pesada
porque sigo leyendo todavía aquella primera frase
aquella primera palabra que sé que tú recuerdas
y atesoraste en los confines de tu mente inexpugnable

Yo no quiero otros ojos ni otra boca para explorar el mundo
yo no quiero otra cintura u otras manos a las que aferrarme cuando,
tras el derrumbe de nuestros mundos, tenga que construir otra fortaleza
yo no quiero otras palabras sino las que pronuncian en silencio
tus miradas tímidas e infinitas
tan iguales a las mías, a las tuyas, a las mías, a las tuyas...es igual.

Fragilidad

El agua corre afuera como una cascada sobre mi techo
mal momento para pensar o ser
cuando sólo quiero mojarme con la lluvia
y desaparecer
fundirme con la respiración del mundo
perderme entre las hojas pútridas
ser suelo, ser tierra, ser arena
que un perro callejero muerda mis partículas
cuando mis cenizas se vuelquen sobre un hueso roído
que mi aliento no sea sino un recuerdo
una caricia esparcida a las ramas de un álamo
alto y delgado
La lluvia cae y oigo el palpitar de la tierra
oigo los insectos y los siento rascar con sus patas
sus minúsculas patitas sigilosas que suben
por las cortinas de mi cuarto y afuera el viento sopla
y los árboles se mecen
-ir y venir, ir y venir, ir y venir-
y ya no recuerdo quién soy
y mi nombre es una sombra que traspasó el umbral
de algunas mentes
y esas mentes pronto ya no estarán
y serán cenizas como yo
cuando nos unamos en la danza eterna de la vida
que es morir y nacer en millones de formas
en otras criaturas
en frágiles existencias tan efímeras como
una gota de agua en un fuego abrasador.

domingo, 3 de junio de 2012

Blá

Echo de menos ese tiempo cuando era infantil e ingenua y creía que tenía talento. A veces de ese estado irracional y adolescente de creerme única y especial salían cosas buenas. Ahora todo lo medito demasiado y premedito cada acción que llevaré a cabo, y lo triste de esto es que pareciera que ya nada fluye naturalmente como solía hacerlo. Perdí la inspiración. Perdí el leit motiv que movía mis impulsos creativos y ahora me queda sólo la triste y fría racionalidad teórica que aportan los años de estudio. Esta situación me convierte en uno más de los millones de seres que van por la vida hablando con inteligencia sobre variedad de temas, pero que no disfrutan la maravilla que es ver nacer y morir entre tus ojos una obra única e irrepetible que sobreviva su propia existencia terrenal. Qué importa si es un poema malo, una fotografía no profesional, una pintura mediocre: es tuyo, único e irreemplazable. Sueño con el día en que vuelva a sentir ese cosquilleo, ese llamado interno e irresistible que no me dejaba dormir hasta que plasmaba una idea o una imagen en un papel, y ruego porque esto ocurra. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Paseíto por las entrañas de la Tierra

Gentileza de mi teléfono móvil, alias "cámara de mierda".

Hoy fui de paseíto a un recóndito lugar escondido en las entrañas de la Tierra. Vi un zorrito pelado y flaco, y tomé una mariposa con un ala fracturada entre mis manos y la acaricié mientras la pobre intentaba salirse de ellas hasta que se rindió a su fragilidad infinita; mientras, yo me rendí a la fragilidad infinita de mis manos entre las entrañas de la Tierra.


lunes, 14 de mayo de 2012

Mala suerte

Haber estado dos meses hospitalizada no fue la gran cosa, para ser honesta. Las primeras dos semanas estuve en el Hospital Gustavo Fricke de Viña porque fui, después de mucho meditar al respecto, a pasar el fin de semana allá con mi familia. Lloré mucho cuando estaba sola, eso debo reconocerlo, pero no es para menos considerando que estaba sola casi todo el día en una ciudad extraña, rodeada de extraños. Mi padre me iba a ver todos los días desde la una hasta las cuatro, aproximadamente, pero nunca le hice cargar con mi pena porque el pobre había quedado sin trabajo apenas hace un mes y ya estaba cargando su propio infierno mental. Como estábamos gastando todo nuestro dinero en el hospedaje para que él pudiera seguir acompañándome, y como yo había ido sólo por dos días, a diferencia del resto de mi familia que se quedaría toda la semana, no había llevado más que un poco de ropa y mi teléfono móvil, no tenía libros, música o nada para distraerme. Mi padre le compró a un vendedor callejero un libro muy antiguo que narraba la historia del pirata Francis Drake. Esa crónica constituía toda mi compañía y diversión cuando mi viejo ya no estaba a mi lado tomando mi mano.

No recuerdo los tres primeros días de mi estadía. Apenas tengo un vago recuerdo de la noche en la sala de urgencias cuando por fin me estaban ingresando luego de veintidós horas soportando el terrible dolor, los cuarenta grados de fiebre, el cansancio y los vómitos. Entre las últimas cosas que recuerdo de esa noche están la joven estudiante de medicina que me preguntaba mis antecedentes médicos -inexistentes hasta ese momento- mientras mi cabeza caía hacia los lados cada vez que me abandonaba la conciencia. También recuerdo el momento en que me encontraron una camilla, me sacaron la ropa y me comenzaron a llenar el cuerpo de tubos y agujas, para luego arrastrarme en ella por largos pasillos. Si me preguntaras ahora si tenía miedo te diría que no, porque en ese momento no tenía conciencia de que estaba muriendo. Después de eso no hay recuerdos, nada. Hasta tres días después.

Cuando por fin abrí los ojos, y desde donde comienzan mis recuerdos posteriores al primer día, todavía el dolor estaba ahí, pero ya no me estaba matando. Luego vinieron los exámenes, el escaneo abdomen-pelvis semanal y la visita diaria de los médicos y estudiantes.

Dos semanas después me dieron de alta sólo para que pudiera volver a mi ciudad y a mi casa, porque ya no quedaba dinero para seguir sustentando la estadía de mi padre en esa ciudad. Era eso o que yo me quedara sola todos los días de semana. Así que cuando llegué a casa me sentía mal, pero al menos estaba viva. Al llegar a mi hogar mis padres me informaron que una de mis perritas, la más joven, había muerto mientras yo estaba en el hospital. Bien, un escalón menos en el descenso de mi ánimo, pero ni eso había logrado desarmarme.

Tres días después volvía a caer al hospital, esta vez en Santiago. Mi ánimo seguía estable, manteniéndome en pie a pesar de toda la mierda que parecía venir una detrás de otra hacia mí. Ahí estuve una semana más, y aunque mi estado de salud era delicado, parecía mejorar poco a poco, hasta que los médicos, cansados de verme mejorar decidieron enviarme a casa nuevamente. Así fue y alcancé a estar una semana más en mi casa hasta que volvieron los mismos síntomas. Después de eso, un mes entero de mi vida se esfumó en varias salas de un triste hospital donde cada día es exactamente igual al otro, largos e insoportables días encerrada en el frío y la soledad. Pero seguía en pie luchando para mejorar, para retomar mi vida, para seguir luchando afuera en la vida real. Cuando volví a cada después de eso luego de mi operación y ya sabiendo que por lo menos durante un tiempo no volveré al hospital por esta puta enfermedad, estaba un poco aliviada y dejé pasar mis dos semanas de recuperación a su propio ritmo, sin presionar...

Un día miércoles en un control mi médico me dijo que ya podía retomar mis actividades, volver a clases, ampliar mi dieta y que debía tomar vitaminas. Tres días después volví a la universidad y me entero que estoy eliminada de la carrera. Entonces el infierno empezó a abrirse bajo mis pies. Dos semanas después, mientras estaba tratando de ver si esa situación tenía alguna salida, un día lunes en la noche, encontré a mi perrita moribunda, la que me ha acompañado desde los trece años, durante todos los años de mi solitaria juventud,  y tuvimos que sacrificarla.

Al final lo de la universidad se arregló, pero !esta mala suerte se acaba AHORA!






jueves, 9 de febrero de 2012

Grito inhumano

Hoy tengo ganas de quebrarle la cabeza al mundo y lanzarla al infinito, flotando sobre su propia puta órbita elíptica. Después, al cuerpo descabezado le sacaría los miembros uno por uno mientras su sangrecita infantil escurre por sus heridas. Luego, suavemente sacaría unas tijeras y le abriría huecos al mundo, y dentro de esos huecos echaría a toda la puta humanidad deshumanizada, como la mía, uno por uno a todos los malévolos sin corazón que me tienen hasta las pelotas que no tengo con su mierda. Después taparía los agujeros con sal y tierra y lo dejaría reposar para que cicatrizaran a ver si es que la humanidad resucita igual que el disque Dios, a ver si es tan verdad el cuentecito ese, el pequeño mito que irguieron para sentirse menos miserables y solos, porque sí, estamos todos solos, cualquier día hasta la vida te abandona y ahí queda tu cuerpo húmedo pudriéndose, y luego se seca y se hace arena. Ahí es cuando quiero mirar a la humanidad enorgulleciéndose de sí misma: cuando se la coman los gusanos y la conviertan en arena.

Despotricando II


Ridícula ambición es mi tema de hoy. Todos hemos tenido es@ compañer@ de colegio, universidad o trabajo que es extremadamente chupa pene*. Se la chupa al profesor de turno, se la chupa al jefe, se la chupa a sus compañeros, etc. Mi problema no es que existan tales personajes, sino que mi duda existencial radica en el por qué. ¿Qué tipo de sociedad es la que provoca el surgimiento de seres de esa grotesca naturaleza? Porque seamos honestos: Si tú trabajas once horas al día (a las ocho reglamentarias sumo las dos o tres horas diarias en locomoción, obviamente) por un sueldo que apenas te alcanza para comprar el pan y la leche de los broca cochis* en un trabajo alienante y asfixiante que no te deja tiempo para nada más que ver por dos horas diarias a tu familia -y aquí es donde mis cables neuronales no encuentran la solución al problema- ¿por qué chupársela al hijo de puta responsable de tu miseria? Ok, yo entiendo que la necesidad tiene cara de hereje y blá. Pero una persona normal realizaría su trabajo y listo. Pero no, los chupa pene sienten la imperiosa necesidad de servir como todos los demás esclavos al amo, y además hacerles favores sexuales, metafóricamente hablando. Si no es por dinero, si no es por un ascenso en el trabajo, porque esas cosas sólo pasan en las películas, es por algo más: mi teoría es que tienen una natural predilección por los juegos sexuales masoquistas y como sus lind@s espos@s no l@s golpean entre las sábanas, deciden entregarse doblemente al sádico que los explota día a día, hora tras hora en los trabajos y además entregarles su dignidad. Bueno, desde mi trono virtual de desagradable superioridad intelectual le digo a usted, señor o señora chupa pene, que está haciendo el ridículo. No está impresionando a nadie y no está ganando simpatías. Además quiero agregar que si usted es uno de ellos y llegó a este blog por error mientras buscada fotos de su amado amo sexual, mejor váyase, porque yo no tengo poder y soy pobre como una rata. Y además me dan asco los esclavos que se venden a otros esclavos. 

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GLOSARIO 

Quiero pedir perdón a mis lectores extranjeros por el lenguaje de este puteo. Por eso mismo y como soy consciente explicaré algunos términos: 

*Chupa penepersona que realiza fellatio. En norma inculta/informal en Chile de usa para definir a una persona que adula a otros con más poder y/o dinero con fines desconocidos. En realidad nosotros usamos la frase chupa pico, pero la consideré demasiado vulgar y no está presente en mi vocabulario personal, por eso fue descartada. 

*Broca cochi: En la jerga popular del COA (antiguamente código carcelario) se tiende a invertir las palabras o frases, por ejemplo en vez de decir viento se dirá to-vien. Así entonces, tenemos la frase cabro chico que se usa para referirse a niños o niñas pequeñas, e invertida es broca cochi. Maravillosa construcción lingüística que debemos agradecer a los delincuentes nacionales y que han convertido en una práctica extendida incluso más allá de las paredes frías y húmedas de las mazmorras. 

*Blá: Término que acuño dentro de mi vocabulario personal cuando me da flojera enumerar cosas y terminarlas con el siempre correcto y culto/formal "etcétera". 

*@: Género lingüístico indeterminado. 

Oye...ñeñeñeñe


Las flores se abren cada mañana a tu paso
sólo para saludar a tus ojos de miel
de ellos quieren el néctar y no la hiel
¿les negarás el placer acaso?

No llores ni te des por vencida 
por quien no entiende de amores
guárdate mejor muy adentro esos dolores
y mira a las rosas sonreír mientras te dan la bienvenida. 

The beauty of pollination

Esta es mi teoría de hoy: Los humanos somos seres tan extraños y estamos tan perdidos que vivimos mendigando pequeñas dosis diarias de Belleza. Algunos la buscan en las magníficas tetas de alguna mujer de la TV, otros la buscan en música cada vez más rara, otros en museos donde se repite siempre la misma tónica (esto da para otra de mis teorías, que ya presenté en este blog hace mucho, mucho tiempo) y otros la buscamos hundiéndonos en la desesperación, en la angustia de saber que está tan cerca y tan lejos a la vez: La Naturaleza, la madre, la Pachamama, la Ñuke mapu que estando tan cerca y en cada uno de nosotros, tan tan cerca está que no la podemos ni queremos ver ni tocar ni sentir porque luchamos constantemente como individuos y como civilización por separarnos de ella. Este intento de escisión es, sin embargo, así mismo como desesperado, inútil, porque al final de nuestras vidas de ideas, de profundos dolores, ambiciones y anhelos, volvemos a ella y todos nuestros logros se convierten en arena, luego en rocas, luego en insectos y finalmente en las partículas del aire que ingresan a un nuevo ser. Esta es mi dosis del día. Ahí es donde espero descansar cuando mi cuerpo deje de existir.



Buonarroti

He crecido observando la obra de Miguel Ángel Buonarroti (quizá lo conozcas de una de las estrellas de la fama de la Avenida Renacimiento, esquina Hombre Universal), gracias a mi adorado abuelo materno. He leído mucho sobre su vida y cada vez que lo hago me encuentro con un hombre obsesivo, apasionado y atado a un destino trágico. Un hombre que se propuso la  monumental tarea de trascender su ego y dejar un legado de belleza, equilibrio y armonía, pero que también logró plasmar en sus obras la naturaleza trágica de su propio espíritu- la llamada Terribilitá, descrita como el rasgo de ira y fortaleza expresada en sus personajes.  La cólera, la increíble fuerza y las miradas furiosas de sus personajes transmiten las propias pasiones contenidas de este temperamental artista. 


Como dato curioso les diré que este artista se consideraba a sí mismo un escultor y defendía con férrea pasión esa profesión, generando una gran rivalidad con un tal Leonardo Da Vinci (no creo que hayan oído de él), al que trataba de "mujercita", porque la pintura al óleo para Miguel Ángel era tarea de amas de casa y mujeres jóvenes, y como saben a Leonardo le tomó más de cuatro años pintar ese famoso cuadro que mide 77 cms de alto y 53 cms de ancho (Gioconda) incluso con el apoyo de todo un séquito de ayudantes. Por su parte, Miguel Ángel, tozudo como era, se negó tajantemente a recibir cualquier tipo de ayuda en la realización de la pintura que cubriría la bóveda de la Capilla Sixtina, y durante cuatro años luchó contra la gravedad, sus deseos de huir y contra la porfía del papa que le exigió realizar tal tarea contra su voluntad. Así fue que cubrió un techo de unos cuarenta por veinte metros aproximadamente con una obra sobrecogedora y única en la historia de la humanidad. Nótese y repito: esta monumental obra fue realizada contra su voluntad. 


Migual Ángel era un ser solitario y huraño que cuando encontraba la pieza de mármol perfecta para su siguiente proyecto se encerraba en su galpón durante días, semanas y meses apenas con lo necesario para sobrevivir y esculpía sin parar, hasta el punto de terminar flaco y enfermo después. Odiaba su figura, su nariz quebrada y su fealdad. Amaba al arte y a la belleza. Amaba la filosofía y la poesía. Aunque sea difícil de creer, este hombre salvaje y complicado vivió en el palacio de Lorenzo de Medicci, el Magnífico, bajo la tutela de los más importantes filósofos, artistas y maestros de su época. El arte supo en él tener una fuerza y potencia que difícilmente puede ser comparada con la de cualquier otro artista, principalmente   porque además de la perfección técnica se expresa la furia, la cólera y el signo de un alma trágica que quiso dejar un legado más grande que su propio nombre. 
Pensar me hace doler el estómago. Odio las ideas. Conectarse con los sentidos es siempre tan dulce, acogedor y real; conectarse con la matriz, el origen, y lo único verdadero que tenemos.

Viajes

Durante mi vida he viajado lo suficiente para conocer hermosos y variados parajes, pero de todos ellos en sólo dos dejé parte de mi alma atada a sus piedras y a sus aguas. El primero, Isla de Pascua. Lo conocí cuando estaba apenas en los inicios de mi tardía adolescencia: tenía un alma romántica y voluble, dispuesta a perderse en las pasiones fácilmente porque todavía no conocía el miedo ni la traición. Recuerdo como si fuera hoy el primer paso que di fuera del avión; al bajar las escaleras una ráfaga de viento húmedo y caluroso me golpeó el rostro y sentí una electricidad recorrer mi cuerpo -pudo ser mi emoción ante la posiblidad de conocer este lugar tan lejano y misterioso, o algo que la razón simplemente no puede explicar. Después de ser saludados por nuestros anfitriones y haber recibido nuestros collares de flores ingresamos al aeropuerto. Adentro sentí una mirada penetrante que me observaba entre la gente, una niña un poco mayor que yo, de piel oscura y pelo ondulado quemado por el sol y el agua salada. Su mirada persistente y curiosa no abandonó la mía hasta que salimos del lugar. Recuerdo mis ojos curiosos recorriendo cada paisaje, mi nariz atrapando todos los aromas nuevos e irrepetibles, mi piel descubriendo sensaciones nuevas e inexplicables. Al segundo día fue a jugar con unos niños que hablaban afuera de la casa donde yo me alojaba y ahí estaba ella de nuevo, y otra vez su mirada atenta seguía todos mis movimientos. A partir de ese día nos juntamos a cierta hora de la tarde y cada vez se nos unían más niños en nuestras andanzas infantiles. Nunca supe su nombre, pero recuerdo su mirada intensa, su piel y su forma de hablar que para mí, en ese entonces, constituían todo un mundo nuevo y único. Ahora, después de tantos años pienso en ella con nostalgia, la amistad que dejé y las cosas que aprendí gracias a ella y sus amigos. ¿Qué será de ella ahora? ¿para ella habrá habido muchas como yo, personas que llegan y se van después de un mes? Ahí dejé una parte de mi alma, entre las cosas que hablamos, entre nuestras miradas curiosas, entre nuestra ingenua amistad infantil y en el descubrimiento de distintas fronteras, culturas e infinitas posibilidades.  


El segundo lugar es el Cajón del Maipo. Este lugar está aproximadamente a una hora y media de mi casa. No recuerdo la primera vez que lo visité -que han sido varias-, pero recuerdo la última. Este verano, en una de mis aventuras por el mundo virtual leí sobre una lugar llamado Refugio Plantat, una casa de piedra que está a los pies del Volcán San José, abierta para todo montañista que desee ocuparla para protegerse de la nieve, el viento y el frío. Para llegar ahí hace falta realizar una caminata de seis horas -para aficionados como yo, al menos. Con un primo y una amiga organizamos el viaje al que luego se unirían otros miembros de mi familia; en suma fuimos cinco. El viaje en bus es arduo; después de llegar al final de la carretera del Cajón del Maipo, en San Gabriel se inicia un camino de piedras en subida: tus oídos se tapan, te mareas y el calor se siente cada vez más intenso. Al llegar a la localidad Baños Morales -que su mayor atractivo es tener unas piscinas termales de barro y una paisaje de ensueño entre las montañas- se iniciaba la caminata. Preparamos nuestras mochilas, nuestras escasas botellas de agua y nuestras barras de cereal. Comenzamos a subir una montaña impresionante, cargando nuestras mochilas de veinticinco kilogramos, y poco a poco íbamos dejando atrás las escasas viviendas que quedaban hacia el final de aquel villorrio. Al adentrarnos en la montaña el paisaje se convertía cada vez más en piedras y riscos de rocas agrietadas, y abajo el imponente río Maipo abría sus cauces a fuerza de un raudal de piedras y agua incontrolable. El paisaje es tan imponente que todas tus preocupaciones desaparecen al instante; todo lo que consideras importante estando en la ciudad se difumina con cada ráfaga de viento frío, cada vez más cerca de las nieves eternas. De pronto llegamos a una grieta monstruosa que nos cortaba el camino. No sabíamos qué hacer. Enviamos a mi primo a subir sin su mochila para ver si podía encontrar un camino alternativo y mientras él estaba allá arriba vimos pasar a tres excursionistas montando caballos, muy a lo lejos. Les gritamos y les hicimos señas y no hubo respuesta. Finalmente mi primo volvió y nos dijo lo que ya habíamos descubierto, que había un camino más arriba, y así fue que comenzamos a caminar otra vez, esta vez cuesta arriba. Esa noche la pasamos acampando en un valle de arena que encontramos justo antes del anochecer,en medio de cuatro montañas imponentes; al lado había una cascada de aguas turbias, pero lo más importante es que eran bebestibles. Al día siguiente reanudamos la marcha y después de caminar por muros rocosos y secos de piedra nos sentamos a descansar. Mientras mis compañeros de viaje conversaban me puse de pie silenciosamente y reanudé la marcha. Caminé, caminé y caminé durante media hora sin parar hasta que llegué: un valle de un intenso verde, lleno de flores y pequeños riachuelos de aguas cristalinas se abrió ante mi vista, y al fondo de él, coronándolo el majestuoso Volcán San José. El Valle de la Engorda, se llama. Me tendí de espaldas en el suave y húmedo colchón de pasto, con mi cabeza apoyada en mi mochila, y observé. Lágrimas de emoción se juntaron en mis ojos, maravillada ante tanta belleza que se puede encontrar tan cerca de la asquerosa ciudad. El viento era intenso, frío y refrescante. Los colores vibrantes. El paisaje inigualable. Descansé en esa posición durante media hora hasta que escuché que a lo lejos gritaban mi nombre. Pasamos la noche acampando en ese valle y nos olvidamos del refugio. La cordillera hace que te des cuenta de lo pequeños que somos, y de lo frágiles e ínfimas que son nuestras existencias. Nada puede ser lo mismo para un alma sensible después de perderse en la inmensidad y soledad de la Cordillera de los Andes. Ahí, atada a las rocas de las fogatas de nuestros campamentos, se encuentra la otra mitad de mi alma. Por eso volveremos este año y todas las veces que sea posible. 

Reflexiones

Hoy estaba pensando que la mayoría de las personas que se creen originales o tienen un ego demasiado grande, o una cultura demasiado pequeña. Creo que es bueno tener una instrucción lo suficientemente amplia para reconocer a tus influencias y darles el crédito que merecen.

Despotricando

              ¡Maldita, maldita, puta y reputa universidad! ¡Te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio!
Estúpida gente, me cago en sus sistemas que quieren prolongar hasta que se quemen y se hundan en sus propias cenizas putrefactas. ¡Qué mierda pretenden! Tengo tanta rabia con sus sistemas asquerosos, mientras todos se acomodan y tratan de encontrar su lugar dentro de ellos yo lo único que quiero es que les caiga un rayo y se quemen todas las universidades y todos las escuelas. Que los profesores se queden mudos, porque nada de lo que puedan enseñar sirve para nada. De verdad, piensa que en el día te morirás todo lo que aprendiste, lo que peleaste por ideas, todas tus queridas y apreciadas ideas se van a hundir y desaparecer con cada insecto y lombriz que consuma alguna partícula de tu cuerpo. Por eso peleamos, por eso luchamos, para eso trabajamos, para eso ganamos dinero, para eso enunciamos nuestros profundos e inteligentes discursos. Sonará esto como una carta extremadamente pesimista, pero es verdad. Aunque a los religiosos les duela y los optimistas la lean con cara de tristeza, doliéndose por el pobre ser que escribió estas líneas. No importa. Es la verdad. Nacemos con una fecha escrita en la frente: no la podemos ver, nadie la puede ver, pero ahí está. Por eso se preocupan los ilusos de conseguir cosas, construir edificios cada vez más resistentes, desde el término de la época de las cavernas así ha sido, para prolongar sus vidas y protegerse del viento inclemente, de la lluvia que todo lo roe, que todo lo erosiona; luego forman familias, pequeños círculos de autoprotección donde conocen el amor, la compañía y también el dolor. Pero nada, nada nos aleja de nuestro destino escrito sobre nuestras frentes. Por eso es que me molesta tanto tener que haber perdido tantos años: de mis veinticinco años de vida llevo veintitrés encerrada en salas escuchando a adultos tristes traspasarme la herencia cultural de mis antepasados, pero nada de lo que ahí he aprendido me ha enseñado cómo vivir mejor, cómo ser feliz y cómo hacer felices a los que me rodean. Ningún profesor arrogante me ha enseñado mejor que el Quijote, que una fotografía de algún paraje lejano y desconocido, que alguna pintura del Renacimiento, que alguna canción inspiradora o que alguna escultura de Miguel Angel. Me encantaría alguna vez poder volar lejos de estas paredes y encontrar el mundo que sé que me espera ahí afuera: olores, texturas, sabores, miradas, sonidos; todas sensaciones que aquí dentro no puedo encontrar ni a través de esta pantalla que me las acerca externamente, mientras me limita a experimentarlas sólo de manera indirecta. Quiero por fin salir de este inquietante encierro autoimpuesto para encontrar allá afuera lo que aquí me es negado, porque de otra manera mi vida está condenada a convertirse en una más de esas miles que esperan que la fecha escrita en sus frentes expire sentados en pesados escritorios, en oscuras salas de clases, en sórdidos hospitales húmedos o encerrados en su alienación creyendo que las mejores cosas de la vida se pueden comprar.

Historia-Colegio

Historia de cómo odié el colegio

Sentarse quietecito y callado como una roca
mientras afuera el viento azotaba las hojas de los árboles
derecho de pie, también, en una fila estrecha
mientras el agua fluía alborotada por el río
Cinco años de vida apenas
-quieres gritar, saltar y caer
quieres llorar, reír y sentir el pasto bajo tus pies-
                                                                            pero no
ahí te tienen vestido como un triste marino sin olas
con los dedos apretados entre los cordones de tus zapatos
y el tiempo avanzaba con su rapidez que no olvida ni perdona

Mi madre luchó como un héroe por convertirme
sin embargo nunca entendí física alguna
sino la de las luces nocturnas en las estrellas
La matemática eran signos extraños como los de mis sueños
                                              [o como los que los maestros me hacían anotar
Mis manos nunca fueron manos de niña
tenía durezas y cicatrices de mis excursiones por la tierra
mis amigos eran los perros de las calles
no las niñas ocupadas con sus aburridas muñecas


Tendida de espalda al suelo
                                            con mis manos extendidas
                                                                                   hacia las nubes
entendí los secretos del universo 
disfrutar hasta el momento de tu último aliento
                                           [no en aulas serias y graves donde queman tu espíritu
                                                                   a fuerza de miradas duras y palabras secas

Ahora han pasado años
¿Qué me quedó de la escuela?

Después de la guerra (2)


DESPUÉS DE LA GUERRA

Ahí, tendido bajo el arco de la muerte, 
se tiende el ancestral esqueleto de un ser humano 
  secándose y hundiéndose en el arenal;
lo rodean espinas de un antiguo rosal 
que ya no da flores
por estar cubierto del polvo 
                                           de la última guerra.

¡Ah! Los dioses no escucharon sus últimos ruegos 
cuando el mundo estalló en la cólera,
cuando el fuego de la ira de Aquiles 
mató la última virtud en el último hombre.
En el día final oyó por primera vez el susurro del aire
y la voz primordial le indicó la senda
pero él, sordo y ciego, siguió su camino infernal 
hacia la autodestrucción.

Ahí abandonados están ahora los hijos de Marte
 sufriendo sus heridas rojas de sangre fresca,
llorando  las cicatrices imborrables marcadas en su piel, 
las lacerantes punzadas del puñal 
que el padre enterró en la carne virgen del hijo
en favor de una lucha 
                                                  impropia e injustificada.

¿Hubo amor alguna vez? 
¿Qué pasó con las palabras?
¿Morirías por ellas? 
¿Te dejarías crucificar por oír una vez más 
                                                    una voz de esperanza?

¡Oh, la sangre corre río abajo! 
El mar se mece teñido de muerte:
es el ataúd de la vida que se sacrificó.
Ahora se escucha un grito seco
                                                                            a lo lejos: 
son los amigos muertos,
el hijo sacrificado sobre la roca de la última redención.
Si tu Dios te ordena matar, ¿obedecerás?
Si tu espíritu murió hace siglos, ¿rezarás?
¡Qué importa si hay un infierno después del infierno!
!El paraíso no es para los héroes!

El viaje se hizo más largo que lo prometido
 queríamos salvar la ciudad 
                             y ella se quemó
                                                                      con nosotros adentro.


(versión retocada)

ALGO

 Tengo que decir dos cosas importantes: primero, yo no soy como tú. Yo no me creo inteligente, no me creo un santo, no me creo salvador del mundo, no me creo mesías, político, revolucionario...La única cosa que creo que soy es que soy un ser humano completamente incoherente, absurdo, perdido y adolorido como la mayoría. Sólo tuve el infortunio de caer entre un montón de personas que creen que lo saben todo y que tienen una respuesta ingeniosa o inteligente para cada cosa que tú pienses y que se te ocurra, aunque sea por accidente, enunciar. Es abrumador.

        Segundo, entre las pocas cosas que creo firmemente está que así como yo soy incoherente e ignorante, creo que tú también lo eres. Sí, lo digo sin miedo a equivocarme porque cada vez que inhalo aire en mis pulmones siento algo que tú no puedes sentir. El aire helándome el pecho por las mañanas me duele de una manera que tú nunca podrás comprender ni aprender en ningún libro, ni en ningún grupo elitista de pseudointelectuales, ni en ninguna barra de fútbol, ni en ningún bar ahogando tus penas en ajenjo. Es así como te digo que tú nunca podrás entrar en mis zapatos para comprender mis emociones más de lo que yo te pueda querer informar, y es ahí, en ese pequeño y oscuro rincón entre mis cejas y mi nuca, donde se encuentra mi libertad.

       Esta es mi manera de liberarme de todo tipo de discusión en el que quieras enfrascarme. Nunca voy a ser lo suficientemente inteligente, ingenioso o erudito como para intercambiar contigo más de dos frases. Nunca voy a intentar cambiar tus ideas sobre la revolución. Nunca voy a mirarte pensando que eres un idiota por pensar de esa u otra manera. Simplemente no me interesa lo que pienses. 

      Por otra parte está lo que una persona pueda sentir y enseñarme de sí misma. Eso es lo único que me interesa de verdad. Me parece que las personalidades más fascinantes son aquellas que se desenvuelven entre el misterio y la inocencia. Son difíciles de comprender para los simples mortales, pero para los observadores y atentos ojos de un vigía está clara su naturaleza ingenuamente apasionada e innatamente libre. Ahí está la verdadera magia de la vida, en las personas genuinas e intensamente bellas de alma. ¡Qué me importa que no sepan escribir! ¡Qué me importa si no comprenden lógica, matemáticas o gramática!  Las ideas crean en las personas un rictus asqueroso a gravedad, en cambio los sentimientos verdaderos se ven reflejados en los rostros de sus dueños a través de una juguetona mirada de la más pura inocencia. Si yo pudiera vivir en un mundo donde todos fuésemos como niños, inocentes y libres, probablemente mi mirada se suavizaría y mi piel no estaría generando estas marcas a tan temprana edad. Es una lástima vivir en este mundo lleno de ideas y ambiciones y tan carente de afecto y amor. Pero por ahora no me queda más que esperar y seguir buscando entre los rostros a esas personas que irradian juventud y belleza de sentimientos, mientras los años se van marcando en mi rostro sin vuelta atrás.

Sentimientos

Se me escapó la belleza y ahora no logro recuperarla. De verdad es tan feo vivir así, con el alma seca. No sé qué hacer ni dónde encontrar lo que anhelo, quizá el tiempo dé las respuestas que busco. Quizá el cambio realmente sea necesario, no lo sé. Ahora sólo me queda esperar...

Santa María de Iquique


Salitreras abandonadas,
¿dónde quedaron sus leyendas?
si ya no hay voces ni oídos que las cuenten y escuchen
sólo el silencio
el suave murmullo de las almas solitarias
que no abandonaron su hogar
porque en las tumultuosas calles no hallan consuelo
de las lágrimas que derramaron
por culpa de los malditos ingleses.
Las fichas botadas y repartidas por el suelo
que eran el arroz, el aceite que daba el jefe
la mísera limosna a cambio de pulmones
a cambio de estallidos de sangre encolerizada.
Pero ya no están las bocas hambrientas
que debían alimentar
porque quizá llegó demasiado tarde su momento
quizá las famélicas bocas se secaron esperando,
gritando, llorando...y ahí yace el desierto árido,
seco como los huesos repartidos
que nunca fueron encontrados
e Iquique observa silencioso
el paseo de las almas en pena
que alguna vez pidieron consuelo y recibieron a cambio balas. 


*El 21 de diciembre de 1907, en la Escuela Domingo Santa María,
se produjo la matanza de trabajadores más brutal realizada en Chile,
todo por pedir trabajar en condiciones dignas.
*Poema antiguo.
*Libre interpretación de los hechos.
Katherine Aguilar C.

Pienso

¡Aaaah! las cosas no son lo que parecen:
ciertamente he dicho cosas y he hecho más
atrocidades a veces, otras veces cosas bellas
pero siempre está ahí escondido
el aura de ensueño
de las cosas que creo haber dicho y no dije
y las que dije y no recuerdo.
Vamos ahondando el silencio
y haciendo más propicia la muerte...
Voy a escribir un poema que te traspase el corazón de dicha
y miraré junto a ti los colores del alba hasta que el sueño nos caiga 
como un suave aliento de calma sobre los cuerpos suaves
y seremos tan felices mirando las aves volar por sobre nuestros pasos
y tendremos tiempo de sobra para ajustar nuestra respiración
al ritmo de nuestros corazones
y reír como dos niños por tonterías
y arrastrarnos como dos pequeñas bestias
sin tener que pensar más ni sentir más tristeza
Yo no quiero que tus ojos se oscurezcan 
con la sombra de la duda o la pena
yo no quiero tu voz temblorosa cuando acude el llanto
quiero ver luz en tu nido y gotas de rocío sobre tus pestañas
y que cuando abras los ojos veas el infinito en los míos
y también que juntos somos uno solo
y el mundo deja de existir
con todos sus pesares
cuando nos miramos.




CARTA DEFINITIVA


Queridísima Lotte:

      "No estoy viviendo, sólo estoy matando tiempo", pero por Dios que te extraño, cada célula de mi cuerpo se encarga de recordármelo a diario, a cada minuto y cuando te veo mi corazón explota de emoción; sé que es tonto considerando la situación, pero qué le voy a hacer, si la cabeza no manda, no en mí por lo menos. Entonces hablamos y te trato mal tratando de negar -un psicólogo lo diría así-, pero es que no tengo más opciones, dadas las circunstancias y considerando que no puedo dominarme. Mientras tú sigues tu vida normal, sin recordarme probablemente más que como una anécdota que no contarás a tus nietos, ni a nadie, obvio. Un secreto incómodo. Yo en cambio sigo atado a eso que nunca fue, a una linda historia de errores que se borró de tu memoria mientras se incrustaba en la mía, en mi inconsciente incapaz de borrar lo que proviniera de tu recuerdo. Entonces, por lo menos una vez a la semana, apareces en mis sueños envuelta en tu eterno aire de melancolía y fragilidad; es ahí, en mi mundo onírico perfecto, donde por fin tus ojos se alzan hacia los míos y dices toda la verdad -la verdad que yo quiero que se cumpla, claro-
y escucho las palabras definitivas (que cada uno imagine las suyas). Entonces me pongo a llorar como un bebé y te digo lo que he tenido guardado todo este tiempo, eso que mi blindaje
anti-emociones me impidió decir antes, cuando estábamos a tiempo de hacer del futuro algo perfecto para ambos. Luego despierto y no estás a mi lado, ni siquiera a mil metros a la redonda y si estás cerca físicamente por alguna casualidad, estás a mil años luz de distancia en el pensamiento.
      Recuerdo la primera carta que te escribí: Estaba llena de palabras duras y gritos escritos mientras mis ojos estaban bañados en lágrimas. No podía entender la situación, no podía explicarle a mi mente que todo lo que creí tan cierto alguna vez fuese una mentira ¿Y qué digo pensar? más bien todo lo que sentí y sentimos -sé que era mutuo-. Han pasado meses desde esa carta y desde esa conversación posterior, tantas cosas han pasado entre ambos pero por separado que se ha impuesto entre nosotros un sabio silencio que se supone debe sanar mis heridas o conseguir que olvide que alguna vez nos conocimos. Bueno, te informo que ese silencio de sabio tiene lo mismo que de útil: cero. Mi vida probablemente nunca vuelva a ser la misma después de todo. Claro, esto no lo escribo porque encuentre algún placer en seguir tocando estos temas, es que simplemente no quiero que creas que se acabó para mí, pero es probable que nunca te enteres porque todavía estoy decidiendo si entregarte esta carta o no hacerlo y seguir como si nada, pero necesito expresar de algún modo que todos estos meses no han pasado en vano, porque en ellos he descubierto lo profundo que sentí y lo importante que fuiste y eres. Y ahora lo digo probablemente con más tranquilidad porque las lágrimas se han ido -ahora aparecen apenas por unos minutos al día- y porque he meditado mucho al respecto. Repito: esto no es un intento de convercerte de algo ni nada, estoy simplemente buscando la forma de sacarte de adentro para poder volver a vivir y no seguir matando el tiempo.
     En un momento me sentí muerto, seco. Luego húmedo, bañado en lágrimas; un ente que se movía por inercia, por el dolor. Ahora tengo más claridad mental, pero no así emocional -ahí sigue todo igual de confuso- y me muevo llevado por la intranquilidad. Este soy yo, allá tú con tu nueva vida que espero sea feliz. Yo seguiré tratando de recuperar la mía cuanto tiempo sea necesario, así pasen los años y me toque la vejez con sus manos crueles. Adiós.

Werther

Después de la guerra


Ahí, tendido bajo el arco de la muerte,


se tiende el ancestral esqueleto de un ser humano


  secándose y hundiéndose en el arenal;
lo rodean espinas de un antiguo rosal


que ya no da flores
por estar cubierto del polvo 
                                           de la última guerra.

Oh, los dioses no escucharon sus últimos ruegos 
cuando el mundo estalló en la cólera,
cuando el fuego de la ira de Aquiles
mató la última virtud en el último hombre.
En el día final oyó por primera vez el susurro del aire
y la voz primordial le indicó la senda
pero él, sordo y ciego, siguió su camino infernal
hacia la autodestrucción.

Ahí abandonados están ahora los hijos de Marte
 sufriendo sus heridas rojas de sangre fresca,
llorando  las cicatrices imborrables marcadas en su piel, 
las lacerantes punzadas del puñal
que el padre enterró en la carne virgen del hijo
en favor de una lucha 
                                                  impropia e injustificada.

¿Hubo amor alguna vez?


¿Qué pasó con las palabras?
¿Morirías por ellas? 
¿Te dejarías crucificar por oír una vez más
                                                    una palabra de esperanza?

¡Oh, la sangre corre río abajo!
El mar se mece teñido de muerte:
es el ataúd de la vida que se sacrificó.
Ahora se escucha un grito seco
                                                                            a lo lejos:
son los amigos muertos,
el hijo sacrificado sobre la roca de la última redención.
Si tu Dios te ordena matar, ¿obedecerás?
Si tu espíritu murió hace siglos,  ¿rezarás?
¡Qué importa si hay un infierno después del infierno!
¿El paraíso es para los héroes? 

El viaje se hizo más largo que lo prometido
 queríamos salvar la ciudad 
                             y ella se quemó
                                                                      con nosotros adentro.