domingo, 14 de abril de 2013
Tugurio
huyendo del frío con escaso abrigo
paseaba por la calle sucia y pestilente.
La noche oscura se cerraba en cada esquina
y se abría en cada parque solitario
lúgubre en su oscuridad sin gente.
Sólo se escuchaba cantar de aves.
Simples criaturas, sin odio ni reproche,
pronunciaban palabras graves
en la tristeza de la noche.
Se oían gritos de borrachos a lo lejos.
Ecos atemorizantes de una botella quebrada
eran insinuaciones del próximo peligro
que tras cada rincón solitario de la ciudad
a nuestros pasos amenazaba.
Nuestras pequeñas conversaciones
era sólo excusas para continuar respirando:
'Somos dos solitarios adormecidos,
a cada paso distanciándonos de nosotros mismos'.
El miedo y la emoción se acentuaban,
turbando nuestros sentidos,
al compás de los sonidos apagados
acercándonos a nuestros abismos.
Finalmente, después de largo caminar,
un refugio ofreció techo seguro
a nuestros viejos cuerpos cansados.
-'¡No puedes esperar que un poeta vea la vida igual que un banquero!
¡No puedes pretender hacer ver a un ciego
a través de las heridas de los clavos de Cristo!' -cantamos con fervor.
-'No puedes esperar alegría de un cantinero
que ve toda la miseria humana en frente suyo
cuando, humillada y adolorida, busca consuelo
rezumando licor mientras ruega al cielo olvidando su antiguo orgullo.'-
Nos respondía el hombre gris detrás del mesón.
Y ahí, en el frío de la noche, en la taberna sucia y descolorida,
calentando sus carnes con alcohol, dos almas perdidas
consoloran sus tristezas adormeciendo sus sentidos
en una danza misteriosa en la taberna desconocida.
jueves, 24 de enero de 2013
Poema XX
lo sé
vendrá aquél espíritu animal,
aquél que se hace llamar mi otra mitad.
La mitad que vive en el océano,
en las montañas,
en los astros.
Aquél que no necesita modales
aquél que corre por los bosques
aquél que se alimenta del aire
y del agua de los ríos.
Ese espíritu está en mí
lo sé
lo siento escupir sobre las normas
lo siento rugir ante los prejuicios
lo siento llorar ante los deberes.
Y vendrá a liberarme,
ocupará mi lugar
en este espectáculo,
abrirá las puertas de mi prisión
y seremos uno al fin.
Para nadie en especial
de tu deslumbrante frialdad
y me dejé llevar por mi ilusión
sin pensar
que el implacable tiempo
haría estragos sobre mi sueño
Me miro desde arriba
y ya no veo esa valentía
adolescente
en mi rostro del tiempo
las huellas de la cobardía
se han marcado y me quedo sola
por no enunciar las palabras justas
en el momento preciso
por no tomar la oportunidad
¿Qué harás ahora?
¿Qué será de mí?
y que me sepa enseñar.
Que tenga piedad de mí y mis tristezas.
Que cuando miremos en la misma dirección
vea el mismo horizonte que veo yo.
Que cuando vuelva de la guerra de la vida,
herida y despistada,
cure mis heridas y me muestre el camino.
Y que su camino sea el mío.
Y mi camino el suyo.
martes, 22 de enero de 2013
Blá
RIMBAUD
Ofelia
Côte à côte, le long des chemins,
Nous nous sommes tenus par les mains
Sans dire... parmi les fleurs obscures;'
'Ese no es', respondió la voz cuando él terminara la primera estrofa. 'Y sin embargo, lo conoces, ¿verdad?' fue su respuesta. Luego de esperar alguna palabra del bosque y no escuchar nada, siguió recitando:
Seuls, dans la nuit verte des prairies;
Nous partagions ce fruit de féeries
La lune amicale aux incensés
Et puis, nous sommes morts sur la mousse,
Très loin, tout seuls parmi l'ombre douce
De ce bois intime et murmurant;
Et là-haut, dans la lumière immense,
Nous nous sommes trouvés en pleurant
Ô mon cher compagnon de silence.
De pronto se abrió un claro donde la vegetación constaba solamente de un gran prado lleno de flores y pasto de un intenso verde y un pequeño arroyo de aguas cristalinas. Bebió de las aguas frías hasta calmar su sed y observó, a lo lejos, la silueta de las montañas que rodean la ciudad. 'Después de todo, no estoy tan perdido', pensó. Se sentó a la sombra del único árbol que había justo en el centro del claro y cerró los ojos por un instante. 'Un oiseau chante ne sais où. C'est je crois ton âme qui veille. Parmi tous les soldats d'un sou. Et l'oiseau charme mon oreille', comenzó a cantar en silencio y las palabras fluían de sus labios como el agua del manantial que alimentaba aquél arroyo. 'Tú eres esa ave, amor mío, amor mío como mi corazón azul', dijo y comenzó a llorar. 'Estoy aquí solo por haberte esperado tantos años, y en vano, porque en este mismo momento estás atando tu vida a la de ese tosco caballero que habla demasiado y que no escucha más que su propia voz'. El tiempo pasaba lentamente en aquél bosque donde todo parecía diluirse como la sangre de las guerras en la marea de los tiempos. Y estaba solo como siempre lo había estado, aun caminando entre los hombres, aun con el tiempo copado en deberes sociales y aun en las conversaciones superfluas que rellenan el silencio de los espacios, mas no el silencio de la desesperanza de saber que estamos solos. 'Mi Ofelia, ¿cuántos mares debía cruzar a nado para llegar a ti? ¿cuántas cruces debía cargar sobre mis hombros para lograr una mirada de amor de tus dulces ojos azules?. L'oiseau des soldats c'est l'amour. Et mon amour c'est une fille. La rose est moins parfaite et pour. Moi seul l'oiseau bleu s'égosille.'
La noche aún no daba señales de su llegada, pero el viento comenzó a enfriarse y el silencio que lo acompañaba se hacía más denso con cada inhalación de sus pulmones. Una ráfaga de aire de pronto lo empujó abriendo su chaqueta y un zumbido llegó a sus oídos: la misma voz de antes pero esta vez más aguda y demandante gritó en su oreja '¡Ofelia!'. Y él, enfurecido, gritó a la voz de vuelta '¡Ave azul como el corazón, azul que entre mi pecho llora, haz que oiga tu dulce canción la funesta ametralladora!'. Y luego, otra vez, el silencio. Enfurecido, abrió su chaqueta y sacó la libreta donde estaba el manuscrito del poema maldito que lo condenara desde tan temprana edad a amar sin razón y sin esperanzas. Tomándolo entre sus manos, con el pecho agitado y lágrimas entre los ojos comenzó a recitar:
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.
Hace ya miles de años que la pálida Ofelia
pasa, fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su suave locura
murmura su tonada en el aire nocturno.'
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.'
Y así fue como el poema, al igual que el tiempo, se desplazó entre sus partículas hasta llegar a los últimos versos. Sin embargo, mientras pronunciaba la primera palabra la misma voz de antes acompañó a la suya, esta vez en un tono grave y ronco, potente como un relámpago atravesando sus sentidos:
vienes a recoger las flores que cortaste ,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.'
'Mi locura y mi miedo
tienen grandes ojos muertos
la fijeza de la fiebre
lo que mira en esos ojos
es la nada del universo
mis ojos son ciegos cielos
en mi impenetrable noche
está gritando lo imposible
todo se desploma'
Fin.
lunes, 21 de enero de 2013
Poema
y tú con tu frialdad has borrado todo rastro de mi cariño.
En tu interior estás vacía; sólo hay cenizas de algo,
algo que pudo ser un alma en mejores circunstancias,
bajo otro cielo menos oscuro y sucio.
Te crees descendiente de Afrodita y crees,
erróneamente, que podrías bañar tu cuerpo
en las sales marinas y así gobernar sobre todas las almas,
mas yo te digo desde esta orilla de mi volcán interior
¡El amor no puede vivir donde no hay confianza!
Tu equivocación es tener un alma de piedra
y creer que conquistará tu belleza de hielo
hasta la más pura de las almas
pero desde mi trono infernal te condeno
¡Aférrate al más vil y pedante de los guerreros
y deja que tu frágil figura,
arrebatada de la seguridad y calma del Olimpo,
se arrastre por siglos entre las cenizas de mi lava ardiente
atada al carro de las victorias más triviales!
Mientras, mi alma herida se hundirá en su ira
y tú seguirás el sendero que te lleva a la ruina.
martes, 8 de enero de 2013
martes, 1 de enero de 2013
Gruñido y Suspiro
A veces pienso que soy un animal:
no sigo reglas que no sean las de mis entrañas.
Si alguien intenta dictarme una norma le escupo en la cara.
A veces prefiero ser un animal, el lobo de estepa me comprende sin dudas,
porque no hay peor para mi olfato
que el olor de la obediencia
servir a un pobre habitante del infierno igual a mí.
Cuando alguien me muestre una posibilidad paraíso,
paz genuina, esa que cuentan en las películas,
tampoco le creeré.
Soy un animal salvaje y pobre;
no tengo mayor esperanza que la de pasar cada día,
sobreponerme un día más al calor de mis entrañas que me mata
este maldito dolor que me carcome
y como un río indómito erosiona las piedras más duras de mi corazón.
Un animal necesita pocas cosas: yo necesito agua y comida;
las sombras de la noche esconden mis pasos
cuando salgo a buscarte: tú, materia misteriosa que alimenta mi sangre.
Soy un lobo, un puma, un ave de rapiña.
Recogeré las sobras de tu vida y las haré mías.
No busques en mis actos lógica alguna,
no busques grandes actos de heroísmo,
no busques cerca mío la paz,
porque lo único que hallarás es ruina.
Prefiero ser un animal que un esclavo de una mentira.